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miércoles, 31 de julio de 2019

CRISIS DE CONFIANZA


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Se pidió una cuestión de confianza al congreso para aplicar una reforma política, reforma que se vuelve imprescindible y urgente frente a las revelaciones acerca de la compleja red de corrupción que copa todas las instituciones del Estado.
La reforma planteada no es la panacea que va a resolver los intrincados problemas de nuestra política, pero es un pequeño paso adelante, una muestra de que existe la voluntad de ir resolviendo las cosas.
Pero resulta irónico pedir la confianza de un parlamento completamente desacreditado, por sus lazos con la corrupción, que sostiene, por último, un ínfimo 10% de aprobación de la ciudadanía.
El contrato social que es el fundamento de una república, se rige bajo la de equidad, la cual se alcanza en la confianza que cada una de las partes cumpla el rol que se le ha prescrito.
Esta republica pasa por una etapa de decadencia desde que los actores políticos desconfían entre sí y han perdido la confianza del electorado, lo más importante; están supuestos a representar a los diversos sectores de la ciudadanía y defender sus intereses, sin embargo, se han convertido en representantes de sus propios intereses, los cuales defienden conspirando y obteniendo apoyos que van en contra del bienestar público.
La república se fundó bajo los preceptos de un sistema democrático representativo, lo que significa que elegimos por voto universal a quienes deben representar nuestros intereses en el parlamento y que existe una división de poderes que debe garantizar un justo balance en la ejecución de dichos poderes.
La representación nunca funciono como en la teoría, pues en una sociedad dividida en clases antagónicas, la hegemonía política nunca les fue disputada a la clase dominante, sin embargo con el desarrollo tecnológico, los avances en la educación, el cambio paradigmático que significo la globalización y el ingreso a la era posmoderna, las clases sociales, tal como las habíamos conocido y fueron definidas por Karl Marx, fueron diluyéndose paulatinamente hasta quedar desaparecidas, la disolución de las clases fueron formando decenas de estratos sociales, cuyas redes e intereses se entrecruzan unas a otras según los escenarios.
Sin unas clases sociales claramente definidas para sí, los partidos políticos pierden su base social, de quienes obtienen su representación, que es su razón de ser dentro del pacto social; podemos ver ahora esas organizaciones políticas como un simple cascaron, un club de amigos que se reúnen con la finalidad de obtener cargos políticos, cuyas miras están en obtener beneficios personales más allá del bienestar de la patria.
Como podríamos pedir la confianza del pueblo a unos políticos que no representan a nadie, mas que a ellos mismos, ¿Cómo confiarles una reforma del sistema político al que están aferrados por su conveniencia?
El sistema se cierra en un círculo vicioso, se retroalimenta y se regenera por si mismo, podemos encerrar en la cárcel a Toledo, PPK, Humala y a todos los demás, pero, mientras el sistema siga intacto, aunque los rostros van a cambiar, la situación va a continuar sin variación.
Hay que conocer la manera como está construida la representación política, la cual garantiza a los supuestos “partidos” u organizaciones políticas el poder de decidir a quienes pone en una posición de poder.
Los partidos políticos, tal como fueron diseñados en el principio democrático, se basan en una doctrina, que reflejan una visión única del mundo, una mística, forjada en el trabajo político y las luchas cotidianas y además una disciplina construida dentro de una organización jerarquizada.
El tipo de organización política que se ha generado a raíz de los cambios sociales, no sostienen una doctrina, porque su visión del mundo es una plantilla surgida desde el esquema neoliberal, los cuales proponen antes de que hacer, el dejar hacer, la cual comparten a grandes rasgos con sus oponentes electorales, la supuesta ideología que detentan se reduce a un plan de gobierno, que no es más que la suma una serie de reivindicaciones populares, planteadas indistintamente con el objetivo de jalar votos.
No son capaces de crear una mística militante entre sus partidarios, porque no tienen una historia de vida como organización, no hay luchas, victorias y derrotas que compartir a través de los años, su vida orgánica se reduce a campañas electorales cada vez que necesitan colocar a sus dirigentes en un puesto público.
No pueden establecer una disciplina entre sus partidarios, en primer lugar, porque estos no son permanentes, fluyen y confluyen en cada proceso electoral de acuerdo a las circunstancias y conveniencias particulares de cada cual, en segundo lugar, porque se hace evidente que las posiciones dirigenciales al interior de la organización se manejan, no por el trabajo político, sino de acuerdo a las contribuciones económicas que puede hacer cada cual.
Se demuestra de esta forma que dichas organizaciones políticas no son representativas de una clase social, ni de sectores relevantes de la sociedad, solo representan a pequeños grupos de interés, cuyo objetivo es obtener el voto ciudadano para capturar una posición de poder que les beneficie individualmente.
Si esta casta política no tiene una legitimidad ciudadana, poco o nada se puede negociar con ella, si además tenemos en cuenta que dentro de la mayoría parlamentaria encontramos no pocos casos vinculados a las redes de corrupción que azotan el país, todo acuerdo quedara viciado por sus propios autores o en todo caso nulo por las circunstancias de su nacimiento.
Por tanto, reconstruir la confianza ciudadana que demanda un contrato social, requiere la renovación, no solo de los representantes políticos, sino del sistema político en sí; hay que cambiar la manera de hacer política en el país, esto impone variar los artículos constitucionales que se refieren al tema.
 La reforma política planteada por el actual gobierno es un paso adelante que trata de corregir algunos de los vicios del sistema, pero aun siendo insuficiente se ha convertido en ineficaz con los cambios tramposos que le ha introducido el debate en el congreso.
Una real reforma del sistema político necesita devolver el poder de decisión al ciudadano común, que el voto universal sea el respaldo de cada resolución que adopte el parlamento, los representantes son solo voceros de la voluntad popular y no la resuelven por sí mismos.
Necesitamos dividir el mapa electoral en suficientes distritos de manera que los candidatos sean votados por su propia comunidad, que ocupen su puesto tan solo por sus propios méritos y no por el simple arrastre de una organización política; esto implica que el ciudadano vote por un individuo en particular, conociendo sus capacidades y sus debilidades; lo cual significa descabezar el poder de las cupulas partidarias sobre las candidaturas y los candidatos, sin intención de proscribir o limitar la acción de las organizaciones políticas, las cuales continuaran promocionando a los candidatos de su preferencia, el objetivo es romper la dependencia absoluta del candidato con dichas organizaciones; estudios recientes de IPSOS muestran que menos del 50% de la población conoce quienes son sus representantes en el congreso, evidencia suficiente de que estos representantes nacen deslegitimados; esta medida también evita un fenómeno que viene sucediendo actualmente, por el cual candidatos que obtienen una mayor votación en su jurisdicción no logran acceder a una posición debido a que otro candidato menos votado pertenece a una organización que a ganado un cupo que se debe cumplir según la ley.
Enseguida tiene que instaurarse un debido tamiz sobre los precandidatos, para evitar que individuos con historial delictivo o procesos pendientes se encumbren en posiciones de poder; en concordancia con esto, limitar la prerrogativa de inmunidad exclusivamente a los delitos cometidos dentro de su función como parlamentarios, para evitar que los delincuentes se amparen en su cargo para evadir la acción de la justicia, como viene sucediendo
Otro punto imprescindible resulta ser, expedir las leyes necesarias para impedir el ingreso de dinero sucio en las campañas electorales, así como las influencias de intereses particulares que van en contra del bienestar público; la imposición de un monto limite por persona a las aportaciones de campaña y la prohibición de aportes anónimos, ni de personas jurídicas, van por ese camino.
Por supuesto, el cambio del régimen político esta ligado a una limpieza escrupulosa del otro poder del Estado, la reforma judicial es tan imprescindible como urgente, frente a la cantidad de cuestionamientos que han salido a la luz pública, que implican no solo a jueces de menor jerarquía, sino que alcanza a las mas altas autoridades del poder judicial.
Una reforma del sistema político, de esta naturaleza, va a desencadenar una serie de reivindicaciones, largamente esperadas por la población, como la reforma del sistema laboral y de pensiones, una readecuación de los servicios de salud pública, reforma del sistema educativo nacional, evolución de los sistemas de seguridad y orden público, cambio de las reglas de contratación de servicios con el Estado, revisión de los contratos existentes, estudio de las leyes de concesión para la extracción de recursos naturales, etc. todo lo cual implica una severa reforma del sistema económico vigente.
A su vez, una reforma del sistema económico de tal naturaleza, traerá consigo un cambio remarcable en las relaciones sociales, cuya expresión más visible se hará patente en los vinculos de poder entre los diferentes estratos de nuestra sociedad.
Si asumimos esta cadena de sucesos, debemos deducir que una reforma política por si sola no es suficiente, se hace necesario una verdadera reingeniería del contrato social con el que funciona nuestra nación, no basta poner un parche aquí y otro allá, a la constitución nacida de la dictadura fujimorista, necesitamos una asamblea constituyente, con la legitimidad nacida en el voto popular, que cambie completamente las reglas de juego; es por ese motivo que a los que sostenemos esta propuesta nos llaman antisistema, justamente porque creemos que el sistema vigente es injusto y no nos representa y queremos poner sobre sus pies lo que está funcionando cabeza abajo.
Sostengo que las reformas presentadas por el actual gobierno son loables y debemos apoyarlas, solo los sectores más anacrónicos de la política se atreven a oponerse, defendiendo evidentemente intereses mas bien particulares y las graves irregularidades que desean mantener ocultas; pero seamos conscientes que significan solo un pequeño paso adelante, no van a darnos una solución instantánea a los problemas políticos que el país viene enfrentando, la lucha va a continuar y debemos estar listos para enfrentar los siguientes retos que nos depara hacer realidad la patria que queremos.
El cierre de este congreso es una medida actual y reclamada por toda la ciudadanía, este es un sentimiento que la mayoría aprofujimorista se ha ganado a pulso, con reiterados actos de soberbia y el descaro con que han blindado y siguen blindando a sus corruptos;  Vizcarra tuvo la oportunidad de oro de hacerlo legal y constitucionalmente, cuando desacataron el segundo voto de confianza solicitado, pero prefirió darles un plazo más, el llamado a elecciones generales acortando su propio mandato, como un acto de desprendimiento personal, lo que le cubre con un manto de legitimidad ante la población.
¿Qué se puede esperar como reacción en estas circunstancias? Difícilmente un acatamiento, por tanto, corresponde al presidente de la republica dar los pasos finales y acabar con firmeza este enfrentamiento entre el ejecutivo y las lacras corruptas que se han empoderado en el parlamento, ya que tienen al país, estos últimos años, en una situación de estancamiento e inestabilidad que perjudica seriamente nuestro desarrollo.
Estamos en una etapa crucial de la lucha contra la red mafiosa que corroe las entrañas de nuestra institucionalidad, en estos momentos, no importa si somos de izquierda, derecha o centro, si somos peruanos y somos honestos, nos importa nuestro país, ahora estamos ante una oportunidad para impulsar los cambios político-sociales que la nación requiere y dar el salto al futuro que nos pondrá en una posición de liderazgo en América Latina; es importante, por ello, la presión que nosotros en la calle podemos ejercer para evitar un paso atrás; reconstruyamos nuestra nación, camino al bicentenario de nuestra independencia, fundando la tercera república.


lunes, 7 de mayo de 2018

CORRUPCION Y NEOLIBERALISMO


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Escribí hace algún tiempo que la corrupción no podía erradicarse definitivamente porque pertenece a la concepción del ser humano, no como corrupción en sí, más bien como el delito, la transgresión, es la eterna lucha entre el bien y el mal dentro del espíritu humano; me criticaron entonces si debíamos dejar de luchar contra la corrupción en la convicción que jamás podremos erradicarla.
Si viviéramos en un mundo ideal, donde no existiera el delito, todos obedeciéramos las normas, todas las personas tuvieran buenas intenciones y solo existiera la bondad, entonces habríamos dejado de pertenecer a la raza humana.
Tener la convicción de que el mal no puede ser erradicado, no significa que permitamos que domine nuestras vidas y nuestra sociedad; siempre existirán delincuentes, porque esta en el ser humano el fallar, pero es nuestra tarea minimizar estos acontecimientos al máximo, elaborando las normas que dificulten al límite su ejecución y asegurando una sanción efectiva a los transgresores, de esa manera se permita un desarrollo social con justicia y libertad; esa es la esencia fundamental para la que los individuos constituimos una sociedad.
El modelo económico neoliberal, ultima acepción del capitalismo salvaje, ha demostrado ser el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento incontrolado del fenómeno de la corrupción; esta se ha desarrollado de tal manera que se ha incrustado dentro de las mas altas esferas de la institución del Estado, está corroyendo todo, las leyes, la justicia, las elecciones, los negocios, la educación, hasta el modo de vida del simple ciudadano.
No hablamos de un fenómeno peruano, es un sistema global, cuyos casos más resaltantes los podemos ver en Brasil, Argentina, México, Panamá, Honduras, España, Francia, por mencionar algunos.
Los defensores del sistema hablan de las bondades de la libre empresa para el crecimiento sostenido de un país, de los beneficios que genera la libre competencia en el desarrollo del mercado, de lo maravilloso que es poder atraer a los grandes capitales a países en desarrollo inyectándoles gran cantidad de divisas a su economía y generando gran cantidad de puestos de trabajo a su población.
Lo que no dicen es que la libre empresa exige de los gobiernos desregularización y falta de control, tampoco dicen que los grandes capitales solicitan exoneraciones tributarias para ingresar a un país, y que la libre competencia permite arrollar a los pequeños negocios y crear grandes trust que dominen el mercado, ni que los puestos de trabajo que crean solo sirven para aprovechar la mano de obra barata y explotar a los trabajadores con el fin de maximizar sus ganancias.
Lo que es evidente es que la misión generada por el neoliberalismo, de anteponer el lucro sobre todas las normas sociales, es la raíz de la extensión de la corrupción que llega a institucionalizarse en la estructura de los Estados.
La forma como el sistema neoliberal propone la libre competencia es un viaje a la ley de la selva, sin rigurosos controles desde el gobierno, sin competencia del Estado, dejando expuesto a todo funcionario frente a las coimas y “comisiones”.
La forma como el sistema funciona es premiando el “éxito” de la empresa, no importa cuál sea el camino para lograr los objetivos, lo importante es alcanzar la meta; la evasión de impuestos, la festinación de tramites, los arbitrajes comprados, las coimas para obtener la licitación de obras, la compra de legisladores, etc. son solo algunos de los métodos “normales” de acción para las grandes empresas.
El Estado neoliberal defiende el interés de las empresas sobre los de las naciones y su población, las trasnacionales no ostentan la bandera de ningún país, solo les guía la búsqueda de la mayor ganancia, ingresan a un país buscando la mano de obra barata, buscando extraer sus riquezas naturales, buscando un mercado para colocar sus mercaderías; no van a dejar nada de valor dentro de los países que saquean.
El sistema neoliberal promueve el egoísmo individual, educa a los niños en la competencia despiadada, penetra toda la institucionalidad del Estado y se enraíza en las mentes ciudadanas haciéndose sentir como normal, a tal punto que puede mover a la sociedad en su defensa.
Ser antisistema significa tener la convicción de que este proceso económico es injusto y no puede seguir sosteniéndose en el tiempo; se trata obviamente de cuestionar toda bagaje propagandístico que camufla sus irregularidades, significa, últimamente, que somos capaces de imaginar un sistema social con un conjunto de controles de poder necesariamente balanceados para garantizar equidad entre los diferentes estratos sociales.
Los cambios sociales que marcan saltos epistemológicos en la historia  no se detienen, las sociedades humanas vamos a su encuentro a diferentes velocidades de acuerdo a la convergencia de diversas circunstancias, de las cuales la más importante es los niveles de conciencia social que alcanzan los pueblos, así fuimos pasando del esclavismo al feudalismo y al mercantilismo, y así seguirá sucediendo, no es una ruta lineal, la complejidad de cada formación social determina muchas especifidades, pero definitivamente los cambios se concretan; ¿seremos uno de los últimos países en incorporarnos al futuro o seremos pioneros en el cambio?



viernes, 26 de mayo de 2017

LA REVOLUCION DE LA MENTE


Todos los revolucionarios queremos cambiar el mundo, aunque generalmente el mundo nos cambia; nuestros afiebrados sueños de juventud se aplacan y se vuelven más sensatos cuando los años pasan; pero al final nos damos cuenta que, sin ese apasionado impulso juvenil, la historia de la humanidad seria completamente retrógrada; seguimos cumpliendo nuestra función y los cambios suceden en determinadas etapas, más tarde o más temprano, según las circunstancias.
Es que los cambios sociales no se pueden decretar por ley; la ley llega cuando ya existe un mínimo consenso del cambio; ¿se pueden imaginar cuánto costó convencer a la gente en el siglo XVI de que la tierra era redonda y no plana como habían creído durante siglos? O ¿Cómo costó a la corona española convertir a los nativos americanos a la religión cristiana? ¿cuán duro fue convencer a los europeos de que los africanos eran seres humanos y no animales? ¿Cuánto paso para que las mujeres dejaran de entrar a las iglesias con ropa oscura y la cabeza cubierta? O ¿Qué los varones dejaran de usar sombrero para salir a la calle? ¿para que las familias aceptaran usar las cocinas a gas en vez leña, carbón o querosene? ¿para que se aceptara dar el voto a las mujeres? Etc. etc. etc… Nunca los cambios sociales fueron fáciles y espontáneos.
La sociedad actual tiene sus luchas:
-       La equidad de género, aun se sigue tratando a la mujer como una persona de segunda clase, bajo el dominio masculino, limitada en sus opciones, con restringido poder de decisión, el varón intenta proteger su dominio sobre la hembra.
-       El matrimonio igualitario, mucha gente piensa aún que el homosexual es un enfermo pervertido, que necesitan tratamiento psiquiátrico o que hay que desterrarlos de la sociedad, por ser la representación del mal, que pueden trasmitir sus costumbres cual un virus, por supuesto no les dejarían tener familia porque enseñarían a los niños a ser homosexuales.
-       La discriminación, porque no logramos entender que las personas son diferentes de acuerdo a su cultura, que cada etnia humana se ha desarrollada de acuerdo a su medio y a las circunstancias históricas que le toco vivir, por tanto todos somos genéricamente iguales como seres humanos, no somos de colores, ni negros, ni amarillos, ni blancos, ni marrones, ni rojos,  y que las diferencias culturales son responsabilidad de todos como sociedad; los pobres no son pobres porque son flojos e irresponsables, se mantienen en su pobreza porque no les damos la oportunidad de educarse y surgir y eso es lo que hacemos nosotros como grupo social, mantenemos las diferencias para mantener los privilegios de una elite.
-       La estigmatización política, que trata de identificar a todos los comunistas, las organizaciones de izquierda y de oposición al gobierno como terroristas, se ha criminalizado la protesta; un trabajo psicosocial de muchos años ha creado esta imagen negativa en la conciencia del ciudadano común.
-       La despenalización del aborto, que se fundamenta en dos pilares, el machismo acendrado que trata a la mujer como propiedad y la somete al rol de instrumento de procreación, y una errada visión religiosa acerca de la defensa de la vida, sin tener una definición científica exacta de donde empieza realmente la vida humana, pasando sobre el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, poniendo en riesgo la vida de la madre y sin asumir la responsabilidad por las nuevas vidas que obligan a crecer.
-       La despenalización de las drogas, el narcotráfico es la peor plaga que azota la mayoría de nuestros países, basados en las inmensas ganancias que la prohibición les brinda, colman el país corrompiendo autoridades, asesinando personas y arruinando a nuestra juventud; los mismos gobiernos no toman acciones drásticas contra los dueños de las redes del narcotráfico porque parte de sus presupuestos se alimentan del dinero blanqueado proveniente de estas actividades; el costo de una reglamentación para el uso de la droga, así como se hace con el alcohol y el tabaco, y un amplio programa de rehabilitación de los adictos, sería mucho menor de lo que se destina para combatir el narcotráfico, con la ventaja de que se reducirían las tasas de corrupción y crimen.
-       La democracia, porque el papel sumiso al que hemos estado sometidos desde la conquista, nos hace seguir buscando alguien que nos dirija, un iluminado de la razón, que nos diga que debemos hacer, alguien en quien creer y seguir como manada, y no dejarnos comprar por una dadiva, un táper o una bolsa de arroz; nos falta llegar a comprender que todos como seres humanos tenemos debilidades y cometemos errores, no existen personas perfectas, no hay iluminados, podemos concebir líderes, no jefes, ni dirigentes, un líder es el que se forja en su base, enseña con el ejemplo y siempre se somete a lo que su base establece; la base de la democracia y el desarrollo equitativo es la cooperación común, el consenso discutido, la interacción de los grupos para lograr una meta.
Los cambios de mentalidad son más duros de conseguir que los cambios en el sistema, y dependen enteramente de la educación de nuestra gente; ¿Cómo podrían respetar al homosexual, si no conocen que significa ser uno de ellos y porque alguien es homosexual?  ¿Cómo podrán respetar a la mujer, si no la conocen como persona, y pueden valorar todas sus potencialidades?
La educación es la clave del futuro, el valor de un país no se mide por la cantidad de riquezas materiales que tenga en su territorio, sino por la calidad de su recurso humano; tenemos muchos ejemplos de países muy pequeños, con pobres recursos naturales, pero que, habiendo potencializado la educación de sus ciudadanos, ahora son países muy desarrollados.
Tenemos buenas universidades y excelentes profesores, nos hace falta una gigantesca campaña, envolviendo a todo el país, que lleve a la mayoría de la población a adquirir sus grados en educación elemental y luego educación básica en periodos acelerados, con equipos que lleguen a las zonas alejadas, facilidades online y clases presenciales los fines de semana.
Solo cambiando la mentalidad de nuestra gente podemos llegar a construir un país justo y soberano  ! una patria como la queremos!